Lobbying, democracia e influencia en europa: entrevista con Andrea Boccuni

Lobbying, democracia e influencia en europa: entrevista con Andrea Boccuni

Una conversación sobre lobbying y democracia europea. Imagen de autor desconocido. Escrito por Mónica Ros Lázaro en colaboración con Lorena Muñoz López, representante de EUpeace Comillas.

14 min read

14 min read

El lobbying es una de las prácticas más influyentes y, al mismo tiempo, más incomprendidas de la política contemporánea. A menudo asociado a la opacidad o a la defensa de intereses particulares, constituye en realidad una pieza estructural de los procesos de elaboración normativa en la Unión Europea, donde empresas, organizaciones, Estados y asociaciones compiten por trasladar conocimiento, prioridades y demandas a quienes legislan.

En un contexto marcado por la irrupción de la inteligencia artificial, la creciente competencia geopolítica, la transición energética y la consolidación de nuevas fuerzas políticas en Europa, comprender cómo se ejerce la influencia resulta imprescindible para entender cómo se toman las decisiones en Bruselas. Para responder a estas cuestiones, conversamos con Andrea Boccuni, experto en asuntos públicos europeos y lobbying, sobre el funcionamiento real de la influencia política en las instituciones, el papel creciente de las organizaciones juveniles y los desafíos que plantea un ecosistema de poder en constante evolución.

Fotografía: Nathaniel Y. Downes/The Chronicle


Para comenzar, ¿cuál considera que es la frontera entre la defensa legítima de intereses y la influencia política excesiva? 

«No considero problemático ninguno de esos dos conceptos en sí mismos. Pensemos, por ejemplo, en Google: es uno de los grandes actores del lobbying y, al mismo tiempo, una pieza esencial de nuestra vida cotidiana. Los grandes intereses representan a industrias que sostienen aspectos fundamentales de nuestra sociedad, desde la energía y las materias primas hasta el sector farmacéutico. Resulta, por tanto, lógico y legítimo que estos sectores defiendan sus intereses, ya que, en última instancia, proporcionan bienes y servicios de los que todos nos beneficiamos.

Desde una perspectiva ética, la interacción con las instituciones es plenamente aceptable siempre que no implique sobornos ni prácticas corruptas, y que se base en la aportación de información rigurosa, transparente y científicamente fundamentada al legislador.» 

¿Qué áreas de la política europea actual reflejan con mayor claridad esta influencia? 

«Prácticamente todos los ámbitos legislativos sobre los que la Unión Europea tiene competencias han estado condicionados, en mayor o menor medida, por la actividad de los grupos de interés. La intensidad del lobbying depende tanto de la relevancia política del asunto como de los recursos presupuestarios que moviliza. La agricultura, por ejemplo, representa cerca del 30 % del presupuesto europeo, por lo que concentra una actividad especialmente intensa.

En los últimos años, los grandes debates se han centrado en los servicios digitales, los derechos digitales y la Inteligencia Artificial. En consecuencia, resulta natural observar una mayor presencia de empresas como Amazon, Microsoft o Meta en estos procesos. En definitiva, la relevancia política de cada expediente legislativo determina qué actores ejercen presión, cuándo lo hacen y con qué intensidad.» 

La polarización política está caracterizando y reconfigurando Europa estos últimos años. ¿De qué maneras afecta este fenómeno al trabajo del lobbista? 

«La polarización política en Europa no es un fenómeno reciente; comenzó a consolidarse hace aproximadamente quince años. Ya en torno a 2014 era evidente el ascenso de líderes y partidos de extrema derecha en distintos países europeos: Geert Wilders en los Países Bajos, Giorgia Meloni en Italia, Santiago Abascal en España o Marine Le Pen en Francia.

Durante la última década, estas posiciones se han normalizado hasta el punto de que Italia, la tercera economía de la Unión Europea, está gobernada por un partido de extrema derecha. Esta transformación ha modificado profundamente la forma de trabajar de quienes nos dedicamos al lobbying. Si hace diez años apenas existía interlocución con partidos considerados radicales, hoy es imprescindible mantener relaciones con ellos, puesto que forman parte de gobiernos nacionales o lideran grupos de gran relevancia en el Parlamento Europeo.» 

Frente al desencanto democrático, ¿qué papel juegan realmente las organizaciones juveniles en Bruselas? 

«Su capacidad de influencia es mucho mayor de lo que habitualmente se piensa. Como consecuencia del llamado 'déficit democrático' y del creciente desencanto ciudadano hacia la política, las instituciones europeas buscan activamente la participación de organizaciones juveniles para co-crear políticas públicas y enriquecer los procesos de elaboración legislativa.

Existen numerosos ejemplos de organizaciones con una presencia muy consolidada en Bruselas, desde asociaciones agrarias como Asaja hasta movimientos como los Scouts o los Jesuitas. Aunque los jóvenes constituyen el grupo demográfico con menores niveles de participación electoral, su capacidad para influir en las instituciones europeas es considerablemente elevada.» 

Por último, ¿existe una jerarquía de poder clara entre el lobbying corporativo y la diplomacia estatal? 

«Aunque existen corporaciones de dimensiones extraordinarias, hasta el punto de que empresas como Amazon pueden superar económicamente a algunos Estados de menor tamaño, los Estados continúan disponiendo de recursos políticos, diplomáticos e institucionales muy superiores. Precisamente por ello, el lobbying estatal, o diplomacia, utiliza con frecuencia el lobbying corporativo como una de sus herramientas de actuación.

Imaginemos, por ejemplo, un escenario en el que Rusia invade Ucrania y Europa afronta una grave escasez de gas y petróleo. En una situación así, Italia podría enviar a su principal empresa energética a negociar con países como Catar o Kuwait. Aunque formalmente sea una empresa quien lidere las conversaciones, en realidad estaría representando los intereses estratégicos del Estado italiano.

Este tipo de dinámicas se reproduce con frecuencia. Un ejemplo ilustrativo fue la invasión estadounidense de Irak, tras la cual buena parte de los contratos de reconstrucción fueron adjudicados a empresas norteamericanas. Esto demuestra que, en numerosas ocasiones, son las empresas las que se benefician de la acción política y diplomática del Estado, y no necesariamente al contrario, aunque ambos ámbitos permanezcan estrechamente interrelacionados.

En definitiva, el lobbying estatal o diplomático opera a una escala mayor, cuenta con estructuras más consolidadas y dispone de un alcance mucho más amplio. No obstante, las grandes corporaciones —especialmente las tecnológicas y aquellas vinculadas al desarrollo de la Inteligencia Artificial— poseen la capacidad de movilizar enormes recursos y ejercer una influencia muy significativa. Se trata de un ecosistema en constante transformación, cuya evolución será determinante para comprender el futuro de la gobernanza global.»


 Conclusión

En conclusión, el lobbying en la Unión Europea se consolida como un engranaje fundamental y legítimo del proceso legislativo, donde la representación de intereses industriales es necesaria al ofrecer servicios esenciales para nuestra vida cotidiana. Este complejo ecosistema destaca por la primacía de la diplomacia estatal, que a menudo utiliza el poder corporativo como una herramienta estratégica para la consecución de intereses nacionales a gran escala. Al ser un entorno en constante evolución, su éxito ético y democrático depende de un diálogo transparente basado en información científicamente sólida, capaz de navegar la actual polarización política para seguir dando forma a prácticamente todos los aspectos de la legislación comunitaria. 

Progress

Icon

0%

Progress

Icon

0%