En un contexto de crisis del neoliberalismo, declive de la hegemonía estadounidense y creciente polarización, Trump encarna una respuesta política que transforma el malestar social en exclusión, nacionalismo y confrontación. Escrito por Mónica Ros Lázaro. Foto: naamio - Finnish Heritage Agency, Finland - CC BY.

Uno de los personajes políticos más populares y polémicos de estos años es sin duda Donald Trump, nombrado presidente de Estados Unidos en enero del año pasado. El líder estadounidense no debe entenderse únicamente como una anomalía política ni como un accidente producido por la radicalización del Partido Republicano; su ascenso expresa la consolidación de un autoritarismo reaccionario que se extiende por numerosas democracias. Como ocurre con líderes como Javier Milei, Jair Bolsonaro o Nayib Bukele, Trump encarna una respuesta política a una crisis más amplia: la incapacidad del orden neoliberal para seguir ofreciendo estabilidad, prosperidad y legitimidad.
Durante décadas, el neoliberalismo pintó un mundo con promesas de crecimiento, movilidad social y una globalización capaz de integrar a sociedades diversas; hoy, ese consenso muestra señales evidentes de agotamiento y aumenta las desigualdades: según el World Inequality Report, el 1% superior de la población mundial gana 2.5 veces más que el 50% inferior de la población. La precariedad se va normalizando, la crisis climática se agrava y la hegemonía internacional de Estados Unidos ya no parece incuestionable. Por ende, el autoritarismo reaccionario surge como una fórmula de gestión de la crisis: ha pasado de seducir mediante promesas de progreso universal a movilizar mediante el miedo y la exclusión.
El lema de Trump “Make America Great Again” (MAGA) es un claro indicador de este momento histórico: la caída del imperio. Se trata de una narrativa de restauración nacional que apela a una idea de grandeza perdida y promete recuperarla frente a amenazas internas y externas: inmigrantes, élites cosmopolitas, movimientos progresistas o potencias rivales. El atractivo de este tipo de discursos radica en la percepción extendida de que “su” país está desapareciendo y produce políticas agresivas para "acabar con los enemigos del régimen", como estamos viendo con las violentas redadas de ICE hacia la comunidad inmigrante en Estados Unidos.
Trump ha sabido capitalizar esa ansiedad con extraordinaria eficacia, centrando su proyecto en identificar enemigos más que en ofrecer soluciones estructurales. Esto nos lleva a deducir que las democracias no sobreviven sólo gracias a sus constituciones, sino también gracias a normas no escritas que han funcionado como “los guardarraíles de la democracia estadounidense”, entre ellas la tolerancia mutua y la contención institucional. Sin embargo, la debilitación de estos guardarraíles ha sido acelerada y normalizada por Trump.
Antes incluso de llegar a la Casa Blanca, ya mostraba rasgos autoritarios: cuestionó la legitimidad del sistema electoral, sugirió que no aceptaría una derrota y difundió teorías conspirativas sobre fraude masivo. El autoritarismo reaccionario no busca necesariamente abolir la democracia de forma abrupta, sino que sigue una estrategia más sutil, vaciándola desde dentro. A día de hoy, las democracias rara vez mueren mediante golpes de Estado; más bien, se erosionan gradualmente a manos de dirigentes elegidos en las urnas.
En última instancia, Trump no es tanto una excepción como un síntoma. Su ascenso refleja las tensiones de una época marcada por la crisis del neoliberalismo, la fragmentación social y la reconfiguración del orden internacional. Entenderlo de este modo permite situar el caso estadounidense dentro de una dinámica global más amplia: la emergencia de formas de autoritarismo que, lejos de surgir al margen de la democracia, nacen de sus propias contradicciones. El desafío, por tanto, no consiste sólo en responder a figuras concretas, sino en afrontar las condiciones económicas, sociales y culturales que hacen posible su aparición y expansión.
Ziblatt, D., & Levitsky, S. (2018). Como mueren las democracias (1.a ed.) [PDF].
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