Ensayo sobre cómo el colonialismo construyó la opresión de las mujeres negras. Escrito por Lucía Pedraza Barahona.
Cuando se habla de colonialismo, la atención suele centrarse en la expansión territorial europea, las rutas comerciales o la consolidación de grandes imperios. Sin embargo, esta narrativa tradicional suele dejar en segundo plano las experiencias de quienes sufrieron las consecuencias más profundas del proyecto colonial. Entre ellas se encuentran las mujeres negras, cuya realidad quedó marcada por una forma de violencia que combinaba simultáneamente racismo, sexismo y explotación económica.
Entender la situación de las mujeres negras durante el colonialismo exige abandonar la mirada eurocéntrica que ha dominado gran parte de la historiografía. No fueron oprimidas únicamente por ser mujeres ni únicamente por ser negras: ambas condiciones actuaron de forma inseparable. El sistema colonial convirtió sus cuerpos en instrumentos de trabajo forzado, objetos de explotación sexual y medios para reproducir mano de obra esclavizada.
Más allá de la conquista de territorios, el colonialismo impuso una jerarquía de humanidad basada en criterios raciales. La blancura pasó a identificarse con la civilización, la racionalidad y la superioridad moral, mientras que los pueblos colonizados fueron presentados como inferiores o atrasados. Dentro de esta lógica, las mujeres negras ocuparon una posición especialmente vulnerable.

La feminidad, tal y como la concebían las sociedades coloniales europeas, estaba reservada a las mujeres blancas. Las mujeres negras quedaban excluidas de ese ideal y eran percibidas a través de estereotipos que las presentaban como hipersexuales, primitivas o incapaces de encarnar la delicadeza asociada a la mujer europea. Uno de los mitos más influyentes fue el de la Jezebel negra, que describía a las mujeres africanas como sexualmente insaciables y utilizaba esa imagen para justificar los abusos cometidos contra ellas.
La construcción de este imaginario ignoraba deliberadamente los contextos culturales africanos y trasladaba la responsabilidad de la violencia sexual a sus propias víctimas. De esta manera, las mujeres negras fueron progresivamente despojadas de su condición humana y reducidas a la categoría de propiedad. Esta deshumanización también encontró respaldo en la ciencia colonial, ya que durante los siglos XVIII y XIX, numerosos estudios pseudocientíficos utilizaron los cuerpos de mujeres negras como objetos de observación y experimentación. Se difundieron creencias que afirmaban que sentían menos dolor o que poseían características biológicas distintas a las de las personas blancas, legitimando así prácticas médicas profundamente violentas.
La historia de Sarah Baartman, conocida como la “Venus Hotentote”, ilustra con claridad este fenómeno. Tras ser llevada a Europa, fue exhibida públicamente como una curiosidad exótica debido a sus rasgos físicos. Incluso después de su muerte, su cuerpo fue diseccionado y expuesto en museos durante décadas. Su caso simboliza la mirada colonial que transformó a las personas negras en objetos de estudio antes que en seres humanos.
Aunque estos episodios pertenecen al pasado colonial, sus consecuencias no han desaparecido por completo. Diversas investigaciones han señalado que los prejuicios raciales continúan influyendo en la atención médica contemporánea; numerosas mujeres negras denuncian que su dolor es minimizado o cuestionado con mayor frecuencia, reproduciendo antiguos mitos sobre una supuesta mayor resistencia física.
La filósofa Hortense Spillers describió esta lógica mediante la distinción entre “cuerpo” y “carne”. Mientras el cuerpo es reconocido como sujeto de derechos, identidad y autonomía, la carne representa aquello que puede ser poseído, explotado o utilizado. Esta situación dio lugar a una triple explotación. Eran trabajadoras forzadas, responsables de tareas de cuidado y víctimas de una violencia reproductiva que convertía la maternidad en una herramienta al servicio de la economía esclavista. Sus hijos heredaban la condición de esclavos, ampliando así el sistema de explotación colonial.
Sin embargo, reducir su historia al sufrimiento sería ignorar otra parte fundamental de la realidad. Las mujeres negras también desarrollaron múltiples formas de resistencia: algunas ejercieron control sobre su capacidad reproductiva mediante prácticas clandestinas; otras preservaron tradiciones culturales, lenguas y conocimientos que los colonizadores intentaron borrar. Gracias a estas estrategias, lograron mantener vivas identidades colectivas que sobrevivieron a siglos de dominación.
Estas experiencias se encuentran en la base de los feminismos interseccionales y decoloniales contemporáneos: frente a las limitaciones de ciertos feminismos occidentales centrados principalmente en las experiencias de mujeres blancas de clase media, pensadoras como María Lugones o Ochy Curiel han señalado que la opresión no puede entenderse únicamente a través del género. El racismo, la clase social y el legado colonial forman parte de un mismo entramado de poder que afecta de manera diferente a distintos grupos de mujeres.
La persistencia de este legado puede observarse todavía hoy. Los estereotipos coloniales continúan presentes en los medios de comunicación, la cultura popular e incluso en las relaciones cotidianas. Las mujeres negras siguen siendo representadas con frecuencia como agresivas, excesivamente fuertes o hipersexualizadas, imágenes que limitan su individualidad y condicionan la forma en que son percibidas socialmente.
Aunque en las últimas décadas se han producido avances significativos en materia de representación y reconocimiento, muchas de estas narrativas siguen operando de forma sutil. Escuchar las voces de las mujeres negras implica cuestionar las categorías heredadas del colonialismo y reconocer una historia que durante mucho tiempo fue narrada desde la perspectiva colonizadora. Solo entonces es posible construir una memoria más completa y una comprensión más profunda de las desigualdades que aún persisten.
Bibliografía
Afroféminas. (2017, 20 de junio). Reconociendo estereotipos racistas: Jezebel, la negra insaciable. https://afrofeminas.com/2017/06/20/reconociendo-estereotipos-racistasjezebel-la-negra-insaciable/
Curiel, O. (2011). Hacia un feminismo descolonial. Desde el Margen. https://desdeelmargen.net/hacia-un-feminismo-descolonial/
Santos, B. de S. (2020). Feminismo negro para un nuevo marco civilizatorio. Sur. https://sur.conectas.org/es/feminismo-negro-para-um-nuevo-marco-civilizatorio/
