Por qué la rabia política se siente adictiva

Por qué la rabia política se siente adictiva

Escrito por Mónica Ros Lázaro.

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Desde 2016, año de la elección de Donald Trump, del Brexit y de la emergencia del concepto de posverdad, entre otros acontecimientos, se ha convertido común en el periodismo decir que vivimos en la “era de la ira” (Dixon, 2020). En las últimas décadas, la política ha dado un giro fundamental, ya que ahora hace énfasis en los aspectos emocionales y es usualmente vista como un factor explicativo para justificar ciertos razonamientos y acciones. Sin embargo, debemos matizar que la rabia política no es mera rabia, sino un enfado moral. 

El psicólogo Jonathan Haidt establece que las emociones morales regulan la vida colectiva: cuando percibimos una agresión a la justicia, lealtad o autoridad, la rabia funciona como un sistema de alarma social, señalando que se han traspasado los límites y que el grupo debe responder. Siguiendo esta lógica, la rabia actúa como una respuesta diseñada para mantener el orden moral, uniendo comunidades al definir lo aceptable e inaceptable. 

Por el contrario, el enfado moral también se siente gratificante: cada like, repost o afirmación pública provee un pequeño refuerzo psicológico. El cerebro empieza a asociar la expresión de esa rabia con recompensas sociales, y con el tiempo, el enfado no sólo empieza a demostrarse cuando se siente, sino para ganar reconocimiento, validación y una sensación de pertenencia en el grupo. Las recompensas y satisfacción emocional se acaban volviendo inseparables de la opinión moral y política. Además, cuando individuos con ideologías similares razonan juntos, sus opiniones tienden a volverse más extremas, lo que conocemos como “polarización de grupo”. Este fenómeno demuestra que la rabia compartida raramente sirve como un estabilizador, sino que aumenta el componente emocional del grupo: lo que antes parecía excesivo, progresivamente se vuelve insuficiente, y la rabia política continúa aumentando. 

En la era digital, los medios de comunicación han perfeccionado la proliferación de esta rabia. El contenido que provoca respuestas emocionales intensas se propaga más rápido que aquel que requiere un mayor nivel de paciencia o comprensión. El enfado, en concreto, genera muchas más interacciones en comparación con otros tipos de contenido, lo que los algoritmos interpretan como relevante y valioso. Es fundamental tener en cuenta que el sistema digital opera mediante la preferencia por la atención sobre la precisión en el contenido, lo que continúa superponiendo la intensidad ante la reflexión. 

Asimismo, la rabia también simplifica la ambigüedad política característica del contexto actual al reducir la realidad a categorías morales claras y accesibles. Esta debilitación del análisis crítico desgasta a su vez la vida democrática, ya que el razonamiento político requiere la capacidad de tolerar contradicciones, abrirse a complejidades y la resistencia ante la satisfacción moral inmediata. La rabia provee seguridad en el grupo, pero esta búsqueda de seguridad puede a veces reemplazar el pensamiento crítico. 

Finalmente, cabe destacar que vivimos en la edad de la ira en el sentido en que el discurso político, los medios de comunicación y las redes sociales parecen fascinados y preocupados con ella. En una sociedad en la que la afiliación política se vuelve parte de nuestra “identidad” y pertenencia, cuando las críticas apuntan a nuestro grupo, la opinión contraria deja de sentirse como un desacuerdo para convertirse en un ataque personal. La expresión de la rabia se convierte en una manera de demostrar lealtad intragrupal y reforzar la identidad ideológica, pero si la participación política comienza a depender de la rabia y a amplificarla estructuralmente, pone en riesgo a las democracias. La cuestión entonces, no es si la rabia expresada es legítima, sino si estamos siendo progresivamente condicionados para necesitarla para legitimar nuestras estancias políticas.


Bibliografía

Dixon, T. (2020). What is the History of Anger a History of? Emotions History Culture Society, 4(1), 1–34. https://doi.org/10.1163/2208522x-02010074

Vallejo, I. G. (2024). La pasión explosiva: una conceptualización de la ira política. Revista De Estudios Sociales, 90, 85–100. https://doi.org/10.7440/res90.2024.06



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